8.4.13

diecinueve es un número horrible.

Si bien es cierto que cada persona crece de una forma distinta, tengo claro que tú lo has hecho a cachos.
Primero empezaste escribiendo palabras difíciles, eras la aventajada que sabía lo que significaba efímero, políglota e incluso amígdalas, pero claro... no dejabas de leer; debo confesar, que pasé miedo por si, al mirarme fijamente, conseguías levantarme... Esa fue la época de Roald Dahl y sus fábricas de chocolate...sin lactosa, claro.
Siempre fuiste alta...a ti lo del estirón te sonaba a risa...eso era una invención de las abuelas de los niños bajitos, que avecinaban que pronto crecerían los 10 centimetrillos con los que tendrían que conformarse de por vida.
Debe ser que en este crecimiento por partes, tus tobillos aún son de leche...porque dudo que te hayas quitado las tobilleras...de hecho, puedes hasta seguir llevando la trenza azul que compramos en un arranque de amistad de niñas.
Era ya época de Harry Potter...luego supongo que vino Fran Perea, Kirtash y Victoria y unos años después ya estabas poniéndome tapones cada vez que cogía el balón. Ahí ya habías crecido demasiado...tanto, que hasta pensé aplastarte con algún libro...pero estabas obcecada con Anatomía de Grey. Hospitales y batas. Vaya loca!
Creo que ahora me estoy perdiendo varias fases...puede que cuando vuelva, tengas los gemelos más musculosos, o incluso la sonrisa más blanca...

aunque, seré sincera, la duda que de verdad me mata es si te habrá crecido ya la uña del dedo gordo.