25.9.15

Junts

Exit Trough the Gift Shop alcanza este mes cifras estratosféricas en descargas. Los encargados del social media en la oficina de no se sabe dónde de Banksy, han hecho públicas las estadísticas de septiembre y resulta que el 93% de la actividad proviene de Cataluña.
Cae el sol y adultos con trabajos consolidados, dejan sus carteras, se ponen los verdugos de Kalenji y salen a las calles a dejar propaganda política como bien pueden. Algunos se hacen una foto en la puerta de casa antes de salir, como adolescentes a punto de irse de cotillón. Caminan por las calles con walkie talkie,  se deslizan por las paredes, actúan entre las sombras y encolan la ciudad. La policía los ve pero no les dice nada porque les da no se qué quitarles la ilusión. Al día siguiente vuelven al trabajo, con las manos manchadas y la adrenalina por las nubes. Alguno cae en la cuenta de que si sale el sí, este gamberrismo nocturno se acabará. Entonces se replantean su voto.

11.7.15

13.4.15

El amarillo hace llorar a los bebés

La última vez que entré en la Fnac fue hace ocho meses. Trataba de encontrar un regalo de cumpleaños para una amistad intensa de las que no se conforman con cualquier cosa. Compré el libro, la peli y el disco que más me habían gustado en los últimos meses y mientras estaba pagando, lo vi. Me quedé pálida y pedí permiso al señor de detrás para desmayarme sobre sus brazos, él, que aceptó mirando a su mujer, tiró todo lo que llevaba en las manos y flexionó las rodillas en posición de defender en baloncesto. Desperté juraría que a los 2 segundos y tres señoras ya me estaban abanicando con tanta energía que habían guardado todos los artículos de Apple por si aquello se iba de madre. Pagué, recogí las cosas y salí corriendo. Ya en la puerta abrí la bolsa mirando para otro lado, así como para no ver cómo me sacaban sangre y comprobé, efectivamente, que toda mi compra era amarilla.
Llegué a casa asustada y empecé a encajar piezas. Los últimos libros que había leído tenían amarilla la portada, las series, las pelis, los botes de champú, las cremas de Garnier, usaba tampax régulier, citrus fresh, me alimentaba a base de huevo y piña, reciclaba sin piedad todo en el contenedor de envases y bebía cerveza con limón en público. Me estaba mareando otra vez, así que fui a buscar algún medicamento que curase ese nosequé amarillo que en cualquier momento se materializaría en bilis, pero solo había Lizipaina y complejos vitamínicos. El mundo era amarillo y no el amarillo de Albert Espinosa… un amarilloindio en condiciones.

La historia deja al amarillo como un todo vale; para la Inquisición es el color con el que se marcan los herejes mientras que para la cultura china es el color Imperial. Artistas que tratan de representar con él la juventud y el optimismo se cruzan con otros que hablan de adulterio. La melancolía de Juan Ramón Jiménez con la luz de Lorca. Quizá a nosotros se nos ha pasado el arroz simbólico, ponemos un eslogan por si no se nos entiende y en la esquina inferior derecha dejamos una leyendita con el código de color…ahora nos interesa vender y el amarillo vende. Es el primero que capta nuestra retina. El que mejor vemos de lejos y el que hace que las cosas parezcan más grandes (y más felices). Es una excitación sin sutilezas, un cortejo directo y grosero. Es casi pornografía.

Circula por los muros un artículo de recetas para hacer carteles de cine desde casa, nivel fácil para deleitar a tus invitados y el primero es el fondo amarillo. Contiene una colección de varias decenas de carteles con elementos similares que se esparcen con cierto orden sobre un lienzo del mismo color. Como la idea ya estaba cogida, trataré de hacer una antología nada rigurosa del amarillo en el arte desde principios de siglo XX, en la que comparten línea artistas ya consagrados junto a otros que no fueron tan conocidos o algunos que pronto lo serán.

No querría empezar sin enseñar un triple descubrimiento: la primera imagen es el último disco del grupo catalán Manel Atletes baixin de l’escenari (2013), la segunda el cartel de la peli Little Miss Sunshine (2006) y por último el de la serie Utopía (2013). Ya no solo comparten un fondo amarillo, sino que todos salen corriendo. Estáis a tiempo.





 Los campesinos durmiendo la siesta, Van Gogh 1890 / La Clownesse Cha-U-Kao, Toulouse Lautrec 1895 / La troupe de Mlle Eglantine, Toulouse Lautrec 1896.

Dame in Gelb, Max Kurzweil 1899 / The Yellow Scale, Frantisek Kupka 1907 / Adele Bloch Bahuer, Gustav Klimt 1907

Girl with yellow scarf, Egon Schiele 1912 / Untitled, Mark Rothko 1951-1955 / Retrato de la señora Dña Elena Flores de Carrillo, Diego de Rivera 1953.

 Banana, Andy Warhol 1967 (portada del primer álbum de The Velvet Underground & Nico. Bajo la frase “Peel slowly and see” los seguidores podían despegar el plátano dejando ver debajo una clara alusión fálica, que se desinfla tras una mala primera acogida)  / Yellow Room (triangular), Bruce Nauman 1973 / Fotografías de la serie Peluquería,  Ouka Leele 1979 (en épocas mejores)

 1000names, Anish Kapoor 1980-1981 / Etension, Rafael Soto 1989 / Mirror Room (pumpkin), Yayoi Kusama 1991

Pollen from Hazelnut, Wolfgang Laib 1992 (MoMA, New York) / Hans Hemmert 1998, (CGAC, Santiago de Compostela) / Yellow, Anish Kapoor 1999

The Weather Project, Olafur Eliasson 2003 (Tate Modern, London) / Yellow, Nathan Sawaya 2006 / Espai I, Penique Productions 2007 (Barcelona)

Midas of Phrygia ,Damien Hirst 2007  / Welcoming Ellipses, Oliafur Eliasson 2008  / Luis Millé, 2008 (Isla Margarita, Venezuela) / Christian Dior haute couture 2010

Electricity Museum Lisbon Installation, Ricardo Carvalho y Joana Vilhena, 2011 (Lisboa) / Gran Amarillo, Enrique Radigales 2011 (El Ranchito, Matadero Madrid) / Upswing, Inges Idee 2011 (München-Pullach)

 Reflection Magnet, Olafur Eliasson 2011 (PinchukArtCentre, Kiev) / Instalación de hilo de algodón egipcio y grapas, Anne Lindberg 2011 (Sao Paulo, Brasil) / Causa-Efecto, Ana Soler 2011-2012

Dnepropetrovsk Sunrise, Olafur Eliasson 2012 (Ukraine) / Boa Mistura en las favelas de Sao Paulo, 2012  / Eevil Stöö, Sami Lukkarinen 2012 (Helsinki)

The slow motion band, Santiago Villanueva 2012 / The Cure, Damien Hirst 2014 / Blacksad: Amarillo, Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido 2014 Premio Nacional de Cómic.

9.4.15

A mí, que me publiquen en un paso de cebra.


Ya hace días que dando vueltas por Madrid, al llegar a un paso de cebra en vez de parar, me entran ganas de cerrar los ojos, lanzarme a la carretera y dejar que el coche haga lo conveniente. Me echa para atrás, pese a la clara poépica del morir sobre un verso, que lo confundan con mi nota de despedida. Dejar que Leiva te escriba la nota de suicidio es algo así como que tu exmarido planee tu boda. Así que me resigno, miro a la derecha, a la izquierda, un poco hacia abajo para leer rápido y aprovecho la indignación para cruzar deprisa.
Últimamente, he estado jugando a su juego; he cogido la antología del pop, rap y reggaeton español y cambiado todos los besos por versos y vicebesa. Y he de reconocer que no se me da nada mal;  estoy a punto de conseguir que me publiquen.

Leí hace unos días a Bolaño, y cómo Carlos Wieder, el transgresor piloto-poeta chileno (turbideces aparte), escribía sus versos en el aire (como Apu a Manjula) y todos flipaban, no solo las adolescentes. Dominaba tanto medio, como contenido. Quizá aquí esté la cuestión, que el medio preceda al contenido y que tras la excitación inicial por una buena idea (de medios), nadie sepa qué es lo que realmente querían contar. 

Al colectivo Boa Mistura, desde luego, más y mejores creativos no les hacen falta, de ideas de desarrollo, dibujantes, ilustradores, pintores, fotógrafos están sobrados…son brillantes, todos lo sabemos y les felicito por ello, pero les falta un estratega, o en su defecto un poeta de verdad para que al menos, la brillantez de sus capacidades no se vea pisada por la gilipollez que escriben.
Pero ellos son solo un ejemplo más de la corriente de poesía fácil de autoayuda por la que estamos pasando. Necesitamos frases que nos definan, que queden bien al lado del ombligo, que vistan nuestras paredes, que se aprendan nuestros hijos, que repitan nuestros loros, que rellenen las descripciones, nuestros perfiles, tazas, agendas, fondos de pantalla, currículums, felicitaciones, consejos, artículos, crónicas, vídeos…
Cargamos frases al hombro de lado a lado,  vacías,  fáciles de entender, con algún desafortunado copyright debajo. Pasamos horas esperando a que nos llame a la puerta, (literal, porque se puede hacer un encargo a domicilio), la frase que queremos oír, sin especificaciones ni dedicatorias; un enfermo de cáncer comparte la misma copla que un chavalín con mal de amores y a mi se me parte el corazón.

Recuerdo ahora un curso que hice con Oyer Corazón de diseño gráfico; nos hablaba de la “poesía cero”, decía que nadie iba a dedicar más de un minuto a lo que habíamos hecho. Quizá se interpretó mal…puede que nos hayamos resignado y hagamos las cosas para la aclamación rápida, para que se compartan antes de que de tiempo a ser rebatidas. Veinte segundos para ver, medio minuto para hacer la foto y 10 segundos para compartirla.
  
También puede ser que quienes sean los que den permiso para que se pinten los pasos de cebra tampoco hayan dedicado más de un minuto a aprobar la propuesta.
Incluso puede ser que la única que lleva varias horas dándole vueltas a esto sea yo. 

6.4.15

Entonces, ¿qué es el arte?

“Entonces, ¿Qué es el arte?”
Y los intelectuales que están de guardia, oyen la llamada, se miran y sonríen picarones, mientras en sus ojos se dejan asomar dos brillitos perfectamente geometrizados como en los comics de manga, y se agarran fuerte a la silla reclinándose hacia atrás, como si hubiese turbulencias, porque la contracción instantánea de los músculos inferiores no les deja adaptarse a ningún mueble. Caen en que por fin ha llegado el momento de vomitar todos los datos recopilados con esmero durante tanto tiempo, de predicar la palabra divina, comprensible o no, y con esa picardía regurgitando ya por la campanilla, pronuncian, con un tono de voz ligeramente más grave al normal, algo así: “Casualmente has sacado mi tema preferido, debatámoslo durante horas, es más, ¡tomémonos una caña!” (Nótese la importancia de la cerveza…los sabios se la permiten gustosamente sólo cuando se tratan temas de artistas, ‘ellos consumían LSD, qué mínimo’).

Cuando la espuma de la primera caña ha bajado lo suficiente como para dejarse beber, los compañeros de tasca ya están hablando del tiempo, de tarifas de Jazztel o de la que se nos viene encima con los máster de posgrado. Realmente es así, nadie quiere debatir qué es arte y qué no. Enteraos de una vez. A los artistas les agobia verse fuera del corte, los que no los son se agobian por no comprenderlo y a los que utilizamos el término artista nos angustia que nos pregunten qué es lo que queremos decir exactamente. Viene a ser algo así como la masturbación femenina, o los dolores postcoitales, que se preguntan con cuidado y bajito, no vaya a ser que el resto sí que los entienda.
No estoy segura de que un mundo tan capilarizado y variopinto nos permita cometer la imprudencia de crear una macrocategoría que se llame  Arte, sin subcarpetas, sin propiedades.
Si por algo hay cada vez titulaciones más específicas y términos abarrotados de prefijos, viene a ser porque hemos llenado el almacén y necesitamos más sedes. Estanterías nuevas con millones de baldas y divisores (y subdivisores).
El esfuerzo ancestral de los autores por tratar de dar la vuelta con sus obras a las condiciones que se les ha puesto, de sorprender y no encasillarse se ve ahogado en el primer contacto con el mundo real. En el instante en que este sudor de artista se mete en una caja y a golpe de Dymo, se le sella con la etiqueta “Pintura” o “Fotografía”.
Los concursos y certámenes poco a poco se atreven con categorías multiaventura como pudiesen ser “Nuevas Tendencias”, o “Artes Plásticas” o la revelación de la “Performance”, de la que ya no solo hemos conseguido acuñar el término sino que somos capaces de explicárselo a nuestros abuelos. Creo también, que estas nuevas clasificaciones son un indicio más del sofoco aquel, en este caso de un jurado de Bellas Artes, por no saber dónde meter qué cosa y acabar haciendo una categoría de “varios”, que viene a ser un saco de objetos con taras y apellidos.
La dichosa y eterna necesidad de poner apellido a todo.

Yo, que soy Jiménez Jiménez, lejos de ser artista, ya llevo 3 cervezas a vuestra costa.

3.4.15

num abril

Era jueves y ya esperábamos, claro que no ansiosos, su llegada. Venía todos los días pero en realidad muchos no. Avanzaba arrastrando la mirada desde la otra punta del pasillo y abría la puerta ya derrotado, como si hubiese pasado el trayecto rechazando abrazos. La gran mayoría pensaba que su resignación era culpa del sistema educativo y él siempre prefirió que fuese así. Llegué a oír que un complicado divorcio le había quitado la voz y extraviado la vista. Nadie quiso creer que si no veía es porque realmente no podía.

Los viernes a última hora quedábamos pocos; aguantábamos allí por una especie de juramento medieval del que nunca llegamos a hablar. Empezaba la clase sin saludar, haciéndonos creer que llevaba ahí un rato aguardando a que nos calláramos, aunque aún llevase el abrigo encima y los hombros llenos de nieve. 

Sus explicaciones iban cogiendo carrerilla conforme su brazo entraba en calor y conseguía moverse ágil de lado a lado de la pizarra olvidando la artritis, leucemia o la infección que fuera que tuviese. El capítulo lo cerraba una tiza que, abatida por los movimientos desacompasados, ponía fin a la lucha y se lanzaba al suelo. Entonces se propagaba una sacudida general, un momento de esos en los que Hans Zimmer mete timbales, dejábamos de escribir y le mirábamos conmovidos. Él nos inmovilizaba con sus diminutas pupilas para evitar que alguien se agachase a recogerla mientras sacaba lentamente de una cajita del bolsillo una nueva, como un vaquero que no retira la mirada de su adversario cuando desenfunda el arma. El vaquero enseñaba estructuras y vestía tirantes con las tensiones calculadas.

Pese a no ocupar entre todos ni la mitad de las primeras filas, utilizaba el micro. Lo colocaba al lado del tercer botón de la camisa y no lo sabe, pero le oíamos latir. Cada día menos y cada hora más bajo.
Fue por entonces cuando caímos en la gravedad de los problemas cardiovasculares y empezamos a estudiar como desquiciados, para que no se disgustase. Nos calentamos tanto que empezamos a quedar por las tardes para estudiar defensa contra las artes oscuras. Nuestro rendimiento creció y nuestras notas subieron pero su semblante permanecía imperturbable, aplastado por un entrecejo que perdió la elasticidad al irse la peseta.

Frustrados ya por el secretismo de su diagnóstico, perdimos la fe y aunque nunca dejamos de ir (cuando un caballero jura…), perdimos completamente la atención (la nuestra y la suya).
Un día un Erasmus de la última fila grito ¡basta! y se lo llevaron en ambulancia. Imagino la conversación dentro del vehículo, con una tacita de té en la mano, una pierna cruzada encima de la otra y el meñique a 30º…”no, si a mi lo que me pasa es que estoy deprimido”.

(Revista Revive Bocaccio)



20.1.15

#9























Primero falló la pierna izquierda y después sus hijos. Caminaba en diagonal hasta tocar pared. Moncloa tiene una trasera sucia, así que calculaba el tiempo exacto para sacar su pañuelito antes del choque.